jueves, 31 de mayo de 2012

El trastorno autista (I): posibles signos de alerta para una detección temprana.


Los Trastornos del Espectro Autista (TEA) son trastornos del neurodesarrollo que se detectan en los primeros años de vida y que afectan y alteran de forma muy significativa las áreas de la comunicación, la interacción social y la conducta. Es un trastorno permanente que aunque puede mejorar con el tiempo, va a limitar la vida de la persona que lo padece.

No obstante, el TEA no se manifiesta con la misma intensidad en todas las personas y se ha de visualizar como un abanico de graduación de síntomas. Es decir, dentro de cada uno de los tres ítems propuestos para definir los TEA, existen diferentes modos y grados. Por ejemplo: las alteraciones en la socialización pueden abarcar desde el acercarse a otro de manera inapropiada hasta el completo aislamiento; las alteraciones en la comunicación pueden ser expresadas desde dificultades en la semántica y la pragmática, hasta el mutismo; y las alteraciones de la conducta pueden ir desde un juego simbólico aparentemente normal pero con interés restringido, hasta las actividades no funcionales y repetitivas.




¿Cuáles son los signos de alerta?
Comunicación y Lenguaje

De 0 a 3 años
12 meses:
§         No balbucea
§         No responde al nombre
§         No señala para pedir objetos
§         No dice adiós con la mano
18 meses:
§         No emite palabras comunes
24 meses:
§         No construye espontáneamente frases de dos palabras.

De 3 a 6 años
§         Dificultades en el contacto visual, la expresión facial, la postura corporal y los gestos para regular la comunicación
§         Falta de comprensión del lenguaje
§         Ausencia del lenguaje o gran retraso en su adquisición. Desarrollo peculiar del mismo (repetición de palabras fuera de contexto, uso de palabras inventadas, tono demasiado alto o bajo, entonación monótona…)

Interacción  social

De 0 a 3 años
§         No tiene contacto visual
§         No responde a la sonrisa
§         No se interesa nada de los demás
§         No señala objetos para dirigir la atención de los demás.
§         No desarrolla el juego simbólico.

De 3 a 6 años
§         Desinterés por el resto de los niños (prefiere actividades solitarias; tiende a “estar en su mundo”)
§         Falta de adecuación de la conducta al contexto social (desconoce las reglas sociales, puede marcharse con personas desconocidas…)

Conducta

De 0 a 3 años
§         Movimientos extraños y reiterativos con las manos y los dedos.
§         Reacciones inusuales de curiosidad
§         Reacciones de temor ante determinados estímulos.
§         Apego exagerado a algún muñeco u objeto

De 3 a 6 años
§         Intereses o aficiones inusuales
§         Tendencia a realizar rutinas o rituales específicos y resistencia a los cambios (rabietas)
§         Juegos repetitivos con juguetes.
§         Apego intenso por determinados objetos.
§         Excesiva sensibilidad al ruido o a determinados estímulos sensoriales.
§         Movimientos estereotipados y repetitivos con las manos, dedos o todo el cuerpo.
§         Comportamientos disruptivos (morder, pegar…)




Aunque los rasgos conductuales específicos del TEA pueden estar presentes en el primer año de vida, a menudo no se diagnostica hasta dos ó tres años después de que estos aparezcan. La prontitud o tardanza del diagnóstico va a depender, casi siempre, de la intensidad en la que se han manifestado.
En muchos casos es la escuela infantil la que da la voz de alarma, ya que los padres a pesar de tener la sensación de que algo no anda bien, no buscan ayuda médica hasta pasados los tres años cuando ya debería de haberse iniciado el desarrollo del lenguaje y comienza la interacción social.
Cuando un profesional de atención primaria detecta signos que pueden indicar que existe una posibilidad de trastorno del espectro autista, tendría que remitir a esta familia a un servicio más especializado (Unidades de Salud Mental Infantil o Centros de Atención Temprana).
Una intervención temprana específica y personalizada para el niño y su familia, conduce a
  • Una variación significativa en el pronóstico y evolución, ya que está comprobado que se obtienen mejores resultados cuanto más temprana es la intervención.
  • Una mejor planificación de recursos a diferentes niveles: educativos, asistenciales y médicos.
  • Disminuir o paliar el estrés familiar, al obtener una información precisa, especializada y clara.

Autora: Pilar Benavent Victoria, Pedagoga del CRAE de APSA

martes, 29 de mayo de 2012

Otro paso en la autonomía: El control de esfínteres


La adquisición durante la infancia de hábitos de autonomía y limpieza es un signo de madurez evolutiva que marca el grado de independencia del niño con respecto a sus padres. Así, la correcta instauración del uso de utensilios de comida, patrones adecuados de sueño o pautas apropiadas en el vestir tiene, ante todo, un marcado componente emocional y relacional para el niño y su familia ya desde etapas evolutivas tempranas.
Entre estos hábitos se encuentra el control de esfínteres, que es una de las preocupaciones habituales de los padres en los primeros años de vida del niño.

Se estima el periodo comprendido entre los 20 y 30 meses como la edad propicia para iniciar el entrenamiento de la micción, siendo condición indispensable que exista una preparación previa en cuanto:
  • Madurez física: el niño debe exhibir suficiente coordinación motora gruesa y fina para levantar objetos fácilmente y deambular sin ayuda.
  • Madurez del sistema urinario: Funcionamiento normalizado de todas las partes que componen este sistema ( riñones, vejiga...).
  • Capacidad de instrucción: el niño debe tener suficiente lenguaje comprensivo para atender a órdenes compuestas por una o dos instrucciones así como saber identificar las palabras clave (pipí, váter, caca, baño, etc).
  • Situación ambiental estable: abstenerse si se está pasando por momentos negativos como una separación de los padres o cualquier situación que pueda perjudicar negativamente en el estado emocional del niño.
  • Los modelos de control de esfínteres y aseo de los mayores que rodean al niño. Es indiscutible que estos aprendizajes se aprenden más por modelaje e imitación que por consigna.


Los meses anteriores al inicio del entrenamiento es recomendable utilizar verbalizaciones que estimulen al niño para que muestre interés y atención a sus esfínteres, familiarizarse con su orinal o adaptador de váter, podemos registrar las horas de micción así como utilizar cuentos, juegos, recreaciones con muñecos relacionados con el aseo.

A ser posible, antes de empezar  hay que tener en cuenta...
  • Que el niño dé muestras de incontinencia urinaria durante tiempos más prolongados.
  • Que sea tiempo benigno como primavera, verano o vacaciones de los papás.
  • Preparar la casa para posibles accidentes como fundas de colchón, suficiente ropa de cambio, etc.
  • Medios utilizados: orinal o adaptador de váter, deben ser lo que son, NO llamarlo por su camuflaje (patitos, coches, etc.. ). Para el adaptador de váter importante tener un taburete o similar para el apoyo de los pies, ya que si dejamos al niño con los pies colgando su musculatura de estómago y piernas estará contraída e impedirá la relajación del esfínter.



Una vez tenemos todo esto claro... empezamos con el entrenamiento. Podemos marcar cuatro pautas básicas:

  1. Siempre se hará pipí en el baño. No llevaremos el orinal por toda la casa o dónde se encuentre el niño. Tiene que ser él quién se desplace al lugar de referencia.
  2. Una vez quitamos el pañal NO  se lo volvemos a poner más a excepción de las siestas y la noche que lo quitaremos cuándo el control de esfínteres esté más consolidado. Utilizaremos braga-pañal para que se vaya acostumbrando a bajar y subir su ropa interior.
  3. Si anteriormente hemos registrado cuándo hace pipí ponerlo media hora antes de lo estimado. Si no lo hemos registrado ponerlo cada hora – hora y media. No les vamos a preguntar si tienes ganas o no, porque seguro que será que no, le diremos la consigna de: “toca hacer pipí”, “vamos a hacer pipí”.
  4. No deben estar sentado más de 5 o 10 minutos. Si no hace pipí, lo levantaremos sin decir nada (evitar enfados o gritos. Mostrar indiferencia) y lo volveremos a sentar más tarde. Sí hace pipí reforzar mucho con alabanzas centradas en el niño: “¡¡Qué mayor te has hecho!!, “Eres un campeón”. Así siempre que haga pipí.

Esta es la rutina que tenemos que llevar a cabo todos los días hasta que controle los esfínteres de forma continúa. Una vez veamos que los controla, marcar horarios para ir al baño: antes de dormir, de salir a la calle, etc.

Sí ocurrieran accidentes, que es muy probable que ocurran, como que el niño se orine justo después de salir del baño, en el salón de casa, etc... debemos actuar con la mayor paciencia posible, sin chillar ni alterarnos. Lo llevaremos al baño y lo pondremos en el váter u orinal por si tuviera más ganas de orinar mientras le decimos consignas como: “no te preocupes, la próxima vez te saldrá mejor”, “No pasa nada”... Aquí reforzar mucho el acto de bajarse los pantalones o tirar de la cadena, que quede constancia de que algo está haciendo bien.



Control nocturno:

Una vez controlado el control diurno, el propio aprendizaje y maduración del niños hace automáticamente el control nocturno. Cuándo veamos el pañal seco varios días al levantarse, se retira pañal definitivamente. Acostumbrarse a marcar el hábito de hacer pipí antes de dormir así cómo despertarlo a media noche para que haga los primeros días si vemos que amanece con el pañal mojado.

Control intestinal

Dicho control también va ligado al urinario. El niño debe aprender a pedir “caca” y hacerlo en el orinal u el adaptador de váter tal y como lo hacemos con el pipí. Reforzar mucho cuándo se consiga.

Hemos de pensar que No es un proceso sencillo, porque orinar empieza siendo una conducta refleja y la tenemos que “convertir” en una conducta voluntaria.

Autora: Cristina López López, técnico en Atención Temprana de APSA

viernes, 25 de mayo de 2012

Problemas del lenguaje: el TEL


¿Qué es el TEL?

El Trastorno Específico del Lenguaje (TEL) es el más común de los trastornos en el proceso de adquisición del lenguaje.
Se trata de la anormal adquisición, comprensión o expresión del lenguaje hablado. El problema puede implicar a todos, uno o algunos de los componentes fonológico, morfológico, semántico, sintáctico o pragmático del sistema lingüístico, no existiendo otros factores como posibles causas de ello (pérdida auditiva, daño cerebral, baja inteligencia, déficits motores, trastornos neurológicos, factores socioambientales o alteraciones del desarrollo afectivo (Leonard 1998)).
Aunque uno de los criterios para el diagnóstico del TEL es que el niño tenga una inteligencia normal, este criterio no siempre se cumple ya que el lenguaje cumple una función mediadora de la inteligencia.
Por ser un trastorno evolutivo, comienza por un retraso en la adquisición de las primeras palabras.



¿Cuáles son los signos de alarma?
  • A los 2 años sólo dice algunas palabras sueltas, no posee al menos 50 palabras inteligibles.
  • No realiza uniones de dos palabras, omitiendo o alterando elementos.
  • A veces parece que no presta atención, no escucha lo que se le dice y no obedece las órdenes.
  • No atiende a las narraciones orales o los cuentos.
  • Solamente comprende situaciones concretas y relacionadas con su entorno familiar.
  • Sus respuestas no corresponden con las preguntas que se le plantean.
  • Repite frases escuchadas previamente en la televisión, en el colegio...
  • Presenta dificultades en los aprendizajes escolares.
  • Lo más notable son los trastornos de articulación o fonológicos.


¿Cuándo intervenir?
La intervención se debe iniciar lo más tempranamente posible, coincidiendo con el periodo de adquisición del lenguaje en el niño; es decir, entre los 2 y los 4 años, por prevención y por la importancia del desarrollo del lenguaje en las destrezas escolares.
La no intervención o intervención tardía supondría un desfase muy grave en el posterior desarrollo del niño, repercutiendo en la relación con su familia, sus compañeros de colegio, adultos, en el aprendizaje de la lectura y escritura, en la adquisición de conceptos y provocando aislamiento social, mala conducta, agresividad, rabietas...
Cabe diferenciar los niños con TEL de los hablantes de inicio tardío, niños que presentan estos síntomas antes de los 2 años.
Todos lo niños con TEL son hablantes tardíos, pero no todos los hablantes tardíos presentaran TEL.


Autora: Rosa Esclapez, logopeda de APSA.

martes, 22 de mayo de 2012

La conducta adaptativa en las personas con discapacidad intelectual.


Se define la Conducta Adaptativa como la ejecución de las actividades de cada día que se requieren para valerse en la actividad personal y social o bien, como la eficiencia con la que un individuo afronta las exigencias naturales y sociales en su ambiente.
Entre otros, los objetivos principales de intervención son aquellos que aportan a las personas maduración y desarrollo a nivel general:
  • autonomía urbana
  • normas de convivencia
  • higiene y autocuidado
  • manejo del euro
  • desenvolverse en supermercados, cafeterías, comercios,…
Junto con la evaluación cognitiva, la de la conducta adaptativa forma parte esencial para definir la discapacidad intelectual; y contrasta con la primera porque nos permite evaluar el grado en que las personas se manejan dentro de su propio ambiente, especialmente en aquellos con un bajo nivel de funcionamiento


El objetivo fundamental de la Conducta Adaptativa, está basado en la consecución de la mejora de la calidad de vida a través de formación en habilidades adaptativas para la vida diaria, que permite alcanzar una óptima autonomía personal y una adecuada adaptación a los entornos sociales y familiares de la persona con discapacidad. Para llevarlo a cabo, se ha iniciado un programa basado en la evaluación que plantea la Asociación Americana de Discapacidad Intelectual y Desarrollo (AAIDD) con una metodología específica. Las programaciones de trabajo se caracterizan por ser abiertas y flexibles ya que permiten diseñar en función de la evaluación inicial las actividades adaptadas a las necesidades de cada uno de los beneficiarios e ir modificando según evolución.



Tras la experiencia de nuestro trabajo y las demandas recibidas de las familias consideramos, desde APSA, favorecer una serie de aprendizajes con mayor conexión a la realidad y que respondan mejor a las necesidades diarias de los usuarios/as. Partiendo de esta idea, surge el Proyecto de Conducta Adaptativa que implica el desarrollo de destrezas según las necesidades específicas de cada persona con discapacidad intelectual, no sólo educativas sino de orden social, personal, comunidad, laboral y de ocio, y establecer sistemas de apoyo con el fin de integrarse en la sociedad de la forma más adecuada.
En próximos artículos colgaremos materiales que esperamos os sean de utilidad para diseñar o planificar actividades para trabajar la Conducta Adaptativa.
Vídeo ejemplo de una salida del programa de conducta adaptativa

Autora: Marisol Almendro, Técnico en intervención del CRAE de APSA





jueves, 17 de mayo de 2012

7 Claves para una buena alimentación infantil


La alimentación de nuestros hijos es un tema al que prestamos especial  atención, como consecuencia de la gran responsabilidad que representa. Observamos cómo la primera pregunta a la salida del colegio suele ser ¿qué has comido hoy?, ¿te lo has comido todo?, para a continuación darles la merienda.



Conseguir que coman de todo, en cantidades suficientes para su desarrollo y que su relación con la situación de alimentación sea positiva, son tres objetivos básicos para la consecución de unos buenos hábitos de alimentación en los niños.
  

Sin embargo, a pesar de todos nuestros esfuerzos, imaginación y el tiempo invertido, no siempre conseguimos los resultados deseados y, en ocasiones, las situaciones de alimentación se convierten en un verdadero calvario tanto para los padres como para los niños.

En primer lugar, debemos asegurarnos de que no exista ninguna alteración que comprometa fisiológicamente la nutrición de nuestros hijos, las cuales son poco frecuentes en la población infantil. Algunos signos de alarma pueden ser: pérdida de peso, alteraciones del crecimiento, vómitos o alteraciones gastro-intestinales muy frecuentes. 
Descartar este tipo de alteraciones, nos permite abordar la situación  de alimentación  con mayor serenidad,  entendiendo el gran reto que supone para los niños enfrentarse a los innumerables  cambios que se producen en el tipo y forma de alimentación durante los primeros años y siendo conscientes de nuestro papel protagonista como fabricantes de unos hábitos adecuados, que perdurarán durante todo el ciclo vital.


Recogemos a continuación, siete puntos clave en el desarrollo de una buena práctica en la alimentación con  nuestros hijos:

  1. “Cada niño es un mundo”: Las cantidades que cada niño necesita para estar bien alimentado varían considerablemente por lo que no debemos obsesionarnos con qué coma mucho o lo mismo que sus iguales. Sin embargo, las pautas para conseguir una correcta alimentación son muy parecidas para todos. 
  1. “Paso a paso”. Es conveniente conocer los momentos claves para realizar los cambios de una textura o instrumento a otro, teniendo en cuenta que si atrasamos una etapa (por ejemplo: iniciar la alimentación sólida  o abandonar el uso del biberón) estamos restando al niño posibilidades de practicar nuevas  competencias orales, ampliar su repertorio de sabores, texturas ….  A modo orientativo, os recordamos: Inicio de la cuchara sobre el 4ª mes, alimentos semisólidos (galleta, pan, …) antes de los 9 meses, beber en vaso 10 meses, alimentos sólidos se incorporarán progresivamente a partir del año. 
  1. “Miro, huelo, toco y … como”  La introducción de nuevos alimentos debemos realizarla de forma progresiva dando la posibilidad al niño de que se familiarice, pruebe o coma una pequeña cantidad antes de querer que se coma una ración entera. 
  1. “Rutina, rutina y más rutina”. Es básico que decidamos dónde, cuándo, qué y de qué modo tiene que comer nuestro hijo. El niño aprende mediante la repetición y la anticipación qué debe hacer en cada situación y lo que se espera de él, así que nada  mejor que mostrarse consistente en estos aspectos y no improvisar o modificar aquello que hemos decidido para conseguir que coma unas cuántas cucharadas más. 
  1. “Yo solito”. Fomentar las habilidades de autoalimentación tiene que ser siempre uno de nuestros objetivos básicos. El niño que es activo en su proceso de alimentación: se le da oportunidad de oler, tocar, manosear, mancharse, practicar con los instrumentos de comer… genera una actitud más positiva hacia los alimentos nuevos y utiliza menos las comidas para retar a sus padres, puesto que es él el protagonista de la situación. 
  1. “Estrategias heredadas” Existen algunas estrategias que todos realizamos de forma automática ante la negativa de comer de un niño y que se convierten en parte del problema y no de la solución. Estamos hablando de las amenazas, los chantajes, las comparaciones, las charlas sobre la importancia de comer, utilizar distractores como juguetes o la televisión, montar un circo,… Si reflexionamos sobre ellas nos daremos cuenta que sólo consiguen crispar la situación de alimentación y favorecer una actitud negativa o caprichosa del niño, sin conseguir nada positivo a cambio. Es mejor, si te muestras relajado y no te enfrentas directamente para que coma más en ese momento, no forzando pero tampoco ofreciendo otro tipo de alimento hasta que le toque comer otra vez. 
  1. “No estás solo”  No dudes en consultar con nosotros cualquier duda sobre la alimentación de vuestro hijo. En el CDIAT  analizaremos cuál es la situación real, elaborando un registro alimentario semanal de tu hijo, fijaremos juntos unos objetivos y estrategias concretas y podrás compartir con nosotros todos vuestros logros.

Autores: Ana Miranzo y Elena Vilchez, logopedas del CDIAT de APSA

martes, 15 de mayo de 2012

El masaje infantil


El masaje infantil es una práctica universal que se utiliza desde la antigüedad en muchas culturas del mundo y que ha sido rescatada en el mundo occidental en los años setenta. Combina diferentes maniobras y elongaciones en el cuerpo y  ayuda a que el bebé se relaje.
El tacto es el primer sentido que desarrollamos. El toque piel con piel es la primera forma de comunicación del ser humano, es un poderoso medio para el desarrollo fisiológico, psicológico y emocional del bebé. Es un nutriente que  beneficia tanto al bebé, como a los padres y madres y/o personas más cercanas a él, estimulando y fortaleciendo los vínculos afectivos y la escucha mutua.
  
Las revisiones bibliográficas acerca de la evidencia científica de los beneficios del masaje, recogen los siguientes efectos para el niño nacido a término y el prematuro:
  • Mejor ganancia de peso en bebés prematuros.
  • Fomenta el desarrollo neurológico tanto en el niño prematuro como en el niño a término.
  • El contacto ocular, el contacto piel con piel y la comunicación tanto verbal como no verbal que se establecen durante el masaje ayudan a reforzar el vínculo con sus progenitores y fomentan su bienestar.




Por otro lado, numerosos autores coinciden en que existen indicios de que el masaje realizado por los progenitores es un elemento complementario  para ayudar al bebé a manejar el estrés frente a nuevas situaciones.
Durante el acto del masaje se produce la alternancia estrés/relajación ya que el niño experimenta todo tipo de sensaciones nuevas: sentimientos, olores, sonidos, el calor debido al aumento de la circulación, el movimiento del aire sobre la piel desnuda… Todos ellos son elementos suaves de tensión. En contraposición,  el tono agradable de la voz de la madre o el padre, su sonrisa, el contacto piel con piel son elementos relajantes que contrarrestan el estrés producido por las nuevas sensaciones.
De hecho, el estrés de enfrentarse a dichas situaciones y transformarlas en algo familiar es esencial para el desarrollo del cerebro infantil. Es decir, el aprendizaje lleva intrínseca la necesidad de un equilibrio entre estrés y relajación.
  


La práctica del masaje puede iniciarse en cuanto los padres lo deseen  y puede mantenerse conforme el niño se hace más mayor si él y sus padres lo desean.
En cuanto a su aplicación,  el tiempo de duración no debe ser superior a 30 minutos. La frecuencia ideal es  diaria  hasta los 6-7 meses de vida y durante la etapa de gateo y aprender a caminar, se puede reducir de 1 a 3 veces por semana, según receptividad del niño. Frecuentemente se da antes o después del baño. No obstante, la familia puede adaptarse en función de los horarios de los padres y del momento del día en que el bebé está más receptivo siempre que no se haga después de una toma de alimento.

El masaje infantil no tiene contraindicaciones si es aplicado adecuadamente. No obstante, hay algunas situaciones que deben ser consideradas antes de aplicar el masaje y requieren consultar con el pediatra o el médico especialista: vacunación, infecciones, alteraciones a la piel, quemaduras, fracturas, enfermedades del corazón o del riñón, cáncer.

Desde el CDIAT de APSA incorporamos en los programas de tratamiento esta técnica y educamos a los padres en el cuidado a través del masaje, tanto durante las sesiones de fisioterapia como en talleres prácticos  en los que se profundiza sobre el manejo y masaje del bebé. Asimismo, también realizamos cursos sobre manejo y masaje del bebé orientados a profesionales interesados en la práctica de la atención temprana.

Autora: Maribel Ródenas Martínez. Fisioterapeuta del CDIAT de APSA.

martes, 8 de mayo de 2012

A dormir bien, se puede aprender




El hábito de sueño en los niños es uno de los primeros  aprendizajes y  más importantes que el niño debe interiorizar correctamente para un buen desarrollo. Muchos niños aprenden  a dormir bien de forma espontánea  pero en otros casos esto no es así.  Por ello, y dada la gran interferencia que tienen los problemas de sueño  en la vida familiar, el pasado mes de marzo, desde el área educativa del  CDIAT de APSA,  se organizó un taller para padres donde analizamos las características del sueño infantil y  establecimos unas pautas de intervención para reeducar  hábitos incorrectos.





Lo esperable es que alrededor de los 6-7 meses duerma unas 10 horas seguidas, concilie el sueño solo y lo haga en su camita y sin luz. Pero ¿qué sucede si un niño de esta edad no duerme de la forma deseada? Esta situación, repercute muy negativamente tanto en los padres, que necesitan su tiempo de descanso para poder llevar a cabo las exigencias de su vida cotidiana, como el los niños ya que la falta de sueño hace que el niño esté más irritable, llore más fácilmente y en algunos  casos pueda provocar dificultades de crecimiento puesto que se ven alteradas  algunas de  las funciones cerebrales que se realizan durante el sueño.
La causa del insomnio infantil en un 98% se debe  a hábitos incorrectos. Por tanto, si queremos que nuestro niño duerma bien, le enseñaremos. El  2% restante  se debe a algún problema físico: problemas respiratorios, alto tono muscular del bebé, …




La causa del insomnio infantil en un 98% se debe  a hábitos incorrectos. Por tanto, si queremos que nuestro niño duerma bien, le enseñaremos. El  2% restante  se debe a algún problema físico: problemas respiratorios, alto tono muscular del bebé, …
Para ello es necesario tener en cuenta 3 aspectos:
  • Condiciones ambientales que acompañan al momento de dormir: situación de oscuridad, silenciosa y aproximadamente a la misma hora.
  • Actitud de los padres: de seguridad, tranquilidad, actitud de enseñar y tener claro que han de hacerlo siempre igual.
  • Siempre con los mismos elementos: podemos elegir un cuento (el cuento de dormir), un peluche u objetos que pueda  estar con el niño sin nuestra presencia (de ahí el inconveniente de dormirse cogidos de nuestra manita) un chupete (si la edad lo requiere) y en su  cuna o cama.

La clave está en establecer una rutina, que el ambiente sea predecible y el niño sepa qué ha de hacer y qué se espera de él  en ese momento.
Si mantenemos estas 3 condiciones, especialmente la actitud de seguridad (el niño percibe que sus padres tienen claro lo que hay que hacer) y de enseñar (el niño no se duerme solito porque no le hemos enseñado), en un periodo relativamente corto, el niño aprenderá a dormir bien.

Además, podemos encontrarnos otro tipo de dificultades, como es que el niño se levante y vaya a la cama de los padres o presente pesadillas o terrores nocturnos. En estas situaciones, mostraremos una actitud comprensiva para intentar descubrir si hay algún problema  emocional (miedo a la oscuridad, a estar solo o a algún ser imaginario)  detrás de esos despertares , le calmaremos y le animaremos a que se quede en su cama y vuelva a conciliar el sueño.




Autora: Cristina Villar Pérez, Técnico en Atención Temprana de APSA

miércoles, 2 de mayo de 2012

Introducción al Trastorno por Déficit de Atención o TDAH


El TDAH es el Trastorno por Déficit de Atención que puede presentarse con Hiperactividad o
sin ella.

Aunque se atribuyen a su origen tacto factores genéticos como ambientales, no existe una causa específica que provoque el Trastorno. A día de hoy, las investigaciones apuntan a que se trata de un Trastorno heterogéneo y multifactorial.

En la actualidad, afecta al 2-5% de la población, siendo mayor la incidencia en el sexo masculino más. Las niñas suelen manifestar más rasgos de inatención y dificultades cognitivas que sintomatología de impulsividad y/o agresividad. El TDAH puede presentarse de varias maneras, y está clasificado, según el DSM-IV (Clasificación norteamericana de enfermedades psiquiátricas), en tres subtipos:

De tipo combinado, (rasgos de hiperactividad-impulsividad e inatención). Suele ser el más
frecuente.
Predominante hiperactivo-impulsivo.
Predominante inatento.


 El TDAH es un trastorno de conducta que aparece en la infancia. Aunque en algunos casos el diagnóstico se puede dar de una manera más precoz, es entorno a los 6-7 años cuando se puede afirmar la existencia del mismo, coincidiendo esta etapa con el inicio de la Educación Primaria, donde el acceso a los aprendizajes necesita de mayor estructura y nivel atencional.

Los primeros signos de alerta pueden ser el aumento  de actividad física, el excesivo movimiento, dificultades para mantener la atención, dificultades de aprendizaje…incluso una baja autoestima o un bajo nivel de tolerancia a la frustración que, sin ser síntomas que definen el trastorno, pueden ser reacción de las dificultades que conlleva el TDAH.

A su vez, el TDAH se puede asociar con frecuencia a otros problemas, y sus consecuencias se aprecian en distintos ambientes de la vida del niño, no solo el escolar, sino que también afecta en gran medida a las relaciones interpersonales tanto con la familia, como con otros niños y con sus educadores, siendo estas interrelaciones clave en el desarrollo del niño.

Es importante que desde el ámbito familiar y escolar se atiendan los signos de alerta que puedan observarse en el niño y acudir a profesionales específicos (psicólogos, pedagogos, asociaciones especializadas, profesionales sanitarios...) que evalúen las conductas detectadas y comenzar una intervención específica con el propio niño y desde todos los contextos en los que éste interactúe.

En APSA llevamos años trabajando e investigando acerca del TDAH. Con el objetivo de responder a las inquietudes de nuestros socios y colaboradores realizamos con periodicidad seminarios específicos de formación acerca del tema. El próximo tendrá lugar en Alicante el próximo 8 de mayo. Si quieres ampliar información sobre este taller, escríbenos a cdiat.admon@asociacionapsa.com o llámanos al 902 00 58 48.


Autora: Raquel Alarcón, directora del CRAE de APSA (Alicante)

martes, 1 de mayo de 2012

Bienvenid@s a este blog



Tras casi 30 años de andadura profesional en el campo del desarrollo de la infancia y la adolescencia, hemos visto la necesidad de compartir nuestra dilatada experiencia y conocimiento tanto con profesionales como con familias y con todo aquel interesado en este ámbito, adaptándonos para ello a los nuevos tiempos, creando para ello un espacio accesible e interactivo en la red que nos posibilite acercarnos al mayor número de personas, conversar con todas ellas y que ese dinamismo nos ayude a crecer juntos.
Este objetivo no se podrá cumplir sin la colaboración de todos vosotros, por lo que deseamos que los contenidos de nuestro blog sean de vuestro interés y nos hagáis llegar vuestras aportaciones e intereses.
Somos un equipo de profesionales de carácter interdisciplinar formado por psicólogos, pedagogos, fisioterapeutas, logopedas, técnicos en atención temprana, maestros, terapeutas ocupacionales, médicos, psicomotricistas, trabajadores sociales,... con una vasta experiencia en desarrollo intantil y juvenil, cuyo objetivo es atender al niño, a la familia y a los diferentes entornos (sociales, educativos y sanitarios). Siendo pioneros en la formación de padres y profesionales.
Nuestro equipo aborda este nuevo reto con gran entusiasmo, cosa que no sorprende porque lo que nos caracteriza sobre todo es nuestra motivación y humanidad.
Esperamos vuestros comentarios, sugerencias, dudas,...  ¡Gracias por visitarnos!





Autoras: Mª José Juan -responsable del Área Educativa de APSA- , Marisa Guillén - directora del CDIAT1 de APSA (Alicante), Nuria Gilabert - directora de los CDIATs 2 y 3 de APSA (Alicante)