martes, 29 de abril de 2014

TRASTORNOS DEL SUEÑO TRANSITORIOS EN LOS NIÑOS



Autora: Pilar Estévez Casellas, Terapeuta de APSA.



Sin duda, no existe una forma única de criar a un hijo(a) con adecuados patrones de sueño. Además, la mayoría de los niños(as) tienen la habilidad de descansar bien y resolver cualquier dificultad que surja al respecto.  Para favorecer este hecho, la clave es establecer, desde una temprana edad, patrones saludables para dormir como ya vimos en los artículos anteriores.


Debemos tener en cuenta que, de acuerdo con la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP), en los infantes pueden aparecer unas alteraciones del sueño que son de naturaleza transitoria, ya que desaparecen durante la adolescencia.


A estas alteraciones se las llama  parasomnias”, son fenómenos molestos que ocurren durante el sueño, como el sonambulismo, los terrores del sueño y las pesadillas. A continuación, os comentamos en que consisten estos trastornos exactamente para facilitar que podáis identificarlos en el caso de sufrirlos vuestros hijos:


-Pesadillas: suelen aparecer en niños de 3-6 años y ocurren al final de la noche.


Las pesadillas ocurren frecuentemente durante períodos de cambio, estrés o simplemente modificaciones en la rutina del niño.  Se producen en la llamada fase “MOR”, que significa, movimientos oculares rápidos, cuando no hay movimientos corporales (el tono muscular está inhibido). Al no ocurrir durante el sueño profundo del niño/a, este se despierta y es capaz de recordar lo que ha soñado, que le ha asustado, o al menos intranquilizado.


Es recomendable relajar al niño, dándole seguridad y cariño y explicándole que sólo ha sido un sueño desagradable.






Lo habitual es que las pesadillas vayan desapareciendo de modo espontáneo sin requerir ningún tipo de atención especial. Aun así, os podemos recomendar algunas cosas de cara a afrontarlas, por ejemplo estimular al niño a hablar sobre lo ocurrido en la pesadilla para descubrir si hay alguna preocupación que posee y debe ser solucionada. También, mostrarle imágenes agradables antes de que se duerma, y evitar que vea la televisión antes de acostarse.


Los objetos, como los muñecos de peluche, y las mantas, también pueden ayudar a que su hijo(a) se sienta tranquilo y seguro al irse a la cama.


-Pavor o Terror Nocturno: suelen darse en niños de 4-12 años y ocurren en la primera mitad de la noche. 

El niño/a, habitualmente, llora, grita, habla o balbucea incorporándose en la cama, o saliendo de ella y muestra un intenso miedo reflejado en su cara y los ojos abiertos.

No responde a los estímulos y no es capaz de reconocer a nadie porque, a pesar de las apariencias, continúa profundamente dormido. Resulta muy difícil despertarlo y, como en el caso del sonambulismo, si se realiza, se mostrará totalmente desorientado y sin entender qué ocurre. Lo adecuado es no despertarle y reconducirle suavemente a la cama si se ha salido de ella.

Los episodios de miedos nocturnos son muy breves y asustan más a los padres y hermanos, que a quienes los viven, que habitualmente no recuerdan el episodio.

-Sonambulismo: ocurre con más frecuencia entre los cuatro y ocho años de edad y suele producirse temprano en la noche.
 
En el episodio de sonambulismo se realizan conductas o movimientos que se han aprendido durante el día, por ejemplo, lavarse las manos, abotonarse...

Lo más común es que el niño/a sonámbulo se siente en la cama y realice movimientos extraños, como tantearse la ropa o restregarse los ojos; luego se levante y camine con torpeza y con la mirada ausente.

En los episodios, el niño camina sin ser consciente de lo que le rodea, puede gritar o salir de casa, mantiene los ojos abiertos y es capaz de responder a preguntas sencillas. Puesto que aparece en la fase de sueño profundo, es muy difícil despertarle y raramente el niño recuerda lo sucedido al despertar.

Lo más recomendable es no intentar despertarle; en todo caso, es mucho mejor quitar de su camino objetos que puedan hacerle daño, cerrar con seguro puertas y ventanas, no permitirle dormir en la parte superior de una litera y simplemente reconducirlo suavemente a su cama.
 




 

Dormir lo necesario para el niño es de importancia vital para reducir la frecuencia de los terrores nocturnos y el sonambulismo.

De todos modos, si le preocupan los patrones de sueño de su hijo(a) es importante que consulte con su pediatra o un especialista.




















martes, 15 de abril de 2014

LA SIESTA EN LOS NIÑOS



Autora: Pilar Estévez Casellas, Terapeuta de APSA.

La siesta de los niños, es para muchos padres un aspecto muy importante, puede determinar en gran parte pasar una tarde agradable con tu hijo, o una tarde para olvidar. 

Una siesta adecuada, en muchas ocasiones, marca la diferencia entre unos comportamientos positivos y otros disruptivos en el niño. Por otro lado, además puede ayudar al niño ha hacer más fácil la transición a la hora de acostarse por las noches.

¿Por qué es tan importante realizar la siesta como una rutina? Sin duda, el  sueño es un requisito muy importante para tener buena salud y, para que los niños más pequeños duerman lo suficiente, suele ser necesario que dediquen un rato a dormir durante el día.

 A lo largo de la primera infancia,  los niños experimentan un rápido desarrollo físico y mental y las siestas dan al cuerpo y a la mente el tiempo de descanso que requiere para desarrollarse y reponer fuerzas. La mayoría de los preescolares suelen necesitar  tomar la siesta porque durante el día son muy activos, corren y juegan por todas partes, así que es una buena idea darles una oportunidad para que descansen y se tranquilicen un rato. Incluso si su hijo(a) no puede dormir, es bueno reservar un momento relajado durante el día para tranquilizarse.

De este modo, impedimos que los niños lleguen a estados de agotamiento, algo que no solo afecta de modo negativo a su  ánimo, sino que hace difícil que después se pueda conciliar el sueño. Por último, no debemos olvidar, que ese rato de la siesta infantil otorga a los padres un momento de descanso, que pueden usar para hacer tareas necesarias o para relajarse.

La mejor manera de propiciar que su hijo(a) tome siestas es fijar una rutina, tal y como lo hace cuando es hora de dormir. Es normal que el niño no quiera perder nada de la acción y se resista a dormir una siesta, pero hay que mantener la rutina  constante.

Hay que explicar al niño(a) que es un tiempo para estar tranquilo y que debe acostarse, pero que si no logra dormir no pasa nada y puede jugar tranquilamente en la habitación.

Las siestas no tienen una duración determinada, generalmente con una hora es suficiente, pero es variable, habrá días que su hijo no haya parado en todo el día y necesitará una siesta más larga, y otros días, casi no dormirá y permanecerá hablando y jugando en su habitación durante la mayor parte del tiempo de la siesta. 





A continuación, os aportamos algunos trucos para fomentar que duerman la siesta:

  • Conviene que la siesta no sea demasiado tarde para no interferir con el sueño de la noche. Justo después de comer, es cuando nuestro organismo está más propicio al sueño, por lo que debemos fomentar la siesta en ese momento.
  • Tenemos que hacer un esfuerzo y tener en cuenta la siesta al organizar el día de nuestro hijo. Si por ejemplo, el niño dormiría su siesta sobre las tres, no organicemos actividades movidas para esa hora.
  • Fomentaremos a esa hora establecida, cualquier aspecto que el niño relacione con el sueño y el estado de relajamiento, como algún muñeco, música tranquila, la lectura de un cuento... Si lo realizamos a diario se establecerá una rutina, lo que hará que el niño asocie ese rato del día al sueño y le produzca somnolencia.
  • Es mejor no llamarla "siesta", tampoco debemos usar pijama, ni decir que tiene que dormir. Si no desea irse a la cama, puede quedarse en el sofá o sobre una manta en el suelo y unos cojines, entretenido con un cuento o un juguete tranquilo. Basta con que ese rato lo asocie con un tiempo de descanso.
  • No debemos luchar con él para que duerma la siesta, esta no debe convertirse en un motivo de disputa. No es grave que un día no quiera dormir, pero conviene procurar no romper el hábito.
  • Es mejor no dejarle a oscuras, debemos dejar que haya luz natural aunque un poco atenuada para ayudar a la relajación. La siesta es diferente al sueño nocturno y esa diferencia la debe percibir el niño.
A pesar de las diferencias entre los niños, de modo general, las siestas van desapareciendo poco a poco entre los dos y los cinco años de edad. Después de los cinco años, que el niño tenga somnolencia de manera habitual durante el día o la necesidad de tomar siestas suele requerir que se consulte con el pediatra para asegurarnos que no existe ningún tipo de problema.

En el próximo articulo comentaremos los desordenes del sueño en los niños.








martes, 1 de abril de 2014

LA IMPORTANCIA DEL SUEÑO EN LOS NIÑOS


Autora: Pilar Estévez Casellas, Terapeuta de APSA.

El sueño es esencial para la salud y el desarrollo del niño, ayuda a que crezca fuerte y sano. El sueño ayuda a la capacidad de  sentirse alerta, poseer una buena memoria y tener una conducta mejor. Los niños que descansan bien se comportan mejor y están menos predispuestos a problemas de conducta e irritabilidad. Por eso, es importante que los padres ayuden a sus hijos a poseer buenos hábitos a la hora de dormir desde una edad temprana.


Tenemos que tener en cuenta que, cada niño es diferente y el número de horas de sueño que necesita puede ser también diferente, no podemos mostrarnos rígidos en ello.

De modo general, hay una serie de horas de sueño que se recomiendan según la edad del niño, incluyendo siestas, para niños hasta la edad de doce años, os las comentamos:

- De 0 - 2 meses: se aconseja de 10.5  a 18 horas diarias.

- De 2 - 12 meses: seria bueno de 14  a 15 horas diarias.

- De 1 - 3 años: lo habitual serian de 12  a 14 horas diarias.

- De 3 - 5 años: se recomienda  de 11  a 13 horas diarias.

- De 5 - 12 años: se aconseja  de 10 a 11 horas diarias.

Poseer una adecuada  rutina para irse a acostar es una buena manera de asegurar que el niño descansa lo que necesita. A continuación detallamos aspectos a considerar cuando se crea esa rutina:

- Es recomendable realizar el baño al final de la tarde para que el niño comience a relajarse de cara a que se va acercando la hora de dormir.

- Es bueno contar con un período de tranquilidad de al menos unos treinta minutos antes de la hora de dormir.

- Debemos considerar una hora específica para dormir, anticipándolo  al niño al menos media hora antes de la hora acordada.

- También ha de haber un horario establecido para levantarse de la cama por la mañana y las siestas, si las toma.

- Evitar estimulantes, como por ejemplo la cafeína, sobre todo cuando se aproxime la hora de dormir.

- La habitación debe ser tranquila y acogedora para el niño.

- Que el niño use la cama solamente para dormir, evitar que la use para jugar o para ver la televisión.

- No proporcionar mucha comida o bebida antes de la hora de acostarse.

- Permitir al niño escoger un muñeco o peluche para llevarse a la cama a dormir. 

 
 

- Se puede fomentar el escuchar  música lenta y agradable antes de dormir o la lectura relajada de un cuento.

- Dar las buenas noches siempre cariñosamente para reafirmar una sensación de seguridad en el niño antes de dormir.

- Animar al niño a dormirse siempre por si solo. Así podrá volver a dormirse con más facilidad si se despierta durante la noche, lo cual es algo habitual en niños. Debemos saber que permanecer en la habitación del niño cuando este se ha despertado, siempre intensifica la necesidad de nuestra ayuda para que el niño vuelva a dormirse. Sin duda, habrá ocasiones en las que  es necesario prestar asistencia y cuidado, pero es importante que el niño reciba un mensaje claro y consistente de que esperamos de él que se duerma de nuevo sin nuestra ayuda.

- Es recomendable mantener el ambiente, por ejemplo luz y temperatura, de modo constante durante la noche.

En el próximo artículo hablaremos de las siestas en los niños y trucos para fomentarlas.