martes, 27 de mayo de 2014

FASES EN LA ALIMENTACION DE LOS NIÑOS



Autoras: Ana Miranzo, Logopeda de APSA y Pilar Estévez, terapeuta de APSA.



En primer lugar, es necesario preguntarse, para qué come un niño. La respuesta es obvia, lo realiza para asegurarse el aporte energético suficiente para crecer sano y afrontar las actividades del día.
Pero durante la alimentación diaria, un niño siempre recibe más que eso, por ejemplo:

-Es un Momento clave en la interacción entre padres e hijos.

-Se producen experiencias motoras, cognitivas, emocionales…

-Proporciona una sensación de autonomía, de autoestima.

-Es una oportunidad de comunicación

-Es una fuente de placer



En cuanto a la alimentación, nuestros objetivos como padres son varios:

-Que coma una cierta cantidad y variedad de alimentos.

-Que tenga autonomía en la alimentación y una serie de normas sociales.

-Que presente una actitud positiva en todo lo relativo a la alimentación.

Debemos tener claro que la alimentación es una necesidad fisiológica pero a comer de un modo adecuado se aprende.

Partimos de una necesidad física, pero a través de un proceso de aprendizaje, vamos creando en el niño unas rutinas que desembocarán en unos hábitos de alimentación, que debemos procurar que sean lo más idóneos posibles.

Por supuesto, esto se ve afectado de un modo muy significativo por una serie de características:

-La propia maduración del niño

-Sus características individuales e inimitables.

-Los estímulos externos

-Modelos y estrategias familiares

Es importante que tengamos claros los hitos fundamentales en la evolución de la alimentación infantil. A continuación, pasamos a comentároslos paso a paso:

-Desde el nacimiento hasta los cuatro meses: El niño gira la boca hacia el pezón de la madre si le roza la mejilla. A las diez semanas un bebe ya reconoce el pecho o el biberón como una fuente de alimento.

-De los cuatro a los seis meses: Se produce un aumento en la fuerza de succión. El bebe es capaz de usar la lengua para empujar la comida de la boca. Además, a esta edad,  se produce una excitación visible cuando ve la comida.

-De los seis a los nueve meses: El bebe puede sujetar el biberón, también es capaz de beber de una taza que sujeta el adulto y comienza el uso de la cuchara. Por otro lado, empiezan los movimientos de masticación rotatorios (roer) y los movimientos de la lengua que permiten una mejor manipulación de la comida. A nivel socioemocional, el bebe empieza a mostrar sus preferencias y aversiones hacia la comida.

-De los nueve a los doce meses: Intenta usar la cuchara y come usando la pinza digital. Además, se muestra más consciente de lo que hacen las personas de su alrededor y las imita.

-Del año al año y medio: El niño coge y suelta la comida con los dedos y es capaz de coger la cuchara y girarla, pero la usa aún mal para comer. También usa por si solo el vaso pero al hacerlo toma poco liquido. Se fija en lo que los demás están comiendo y quiere probarlo, le encanta imitar.

-Del año y medio a los dos años: Se produce una disminución del apetito y le gusta experimentar con texturas, por ejemplo, desea comer con las manos. Empiezan a ser importantes los rituales en torno a la alimentación, tiene gustos y preferencias y se distrae con facilidad mientras está comiendo.

-De dos a tres años: Sostiene el vaso con las manos, se lleva la cuchara a la boca y mejora la masticación, empieza a insistir en hacerlo solo, come despacio y se distrae a menudo.

-De tres a cuatro años: Es capaz de sostener y manejar bien, tanto taza como vaso, también puede servirse líquidos de una jarra que sea pequeña,  usa el tenedor y come sin ayuda. El apetito ha mejorado y le influyen mucho las conductas de otros nenes de su edad.

-De cuatro a seis años: Come sin ayuda y se produce una alimentación completa.























martes, 13 de mayo de 2014

LA ALIMENTACION DE NUESTROS HIJOS



Autoras: Ana Miranzo, Logopeda de APSA y Pilar Estévez, terapeuta de APSA.


La alimentación de nuestros hijos es un tema al que prestamos especial  atención, como consecuencia de la gran responsabilidad que representa. Observamos, cómo la primera pregunta a la salida del colegio, suele ser, ¿qué has comido hoy?, ¿te lo has comido todo?, para a continuación darles la merienda.

Conseguir que coman de todo, en cantidades suficientes para su desarrollo y que su relación con la situación de alimentación sea positiva, son tres objetivos básicos para la consecución de unos buenos hábitos de alimentación en los niños.

Sin embargo, a pesar de todos nuestros esfuerzos, imaginación y el tiempo invertido, no siempre conseguimos los resultados deseados, y en ocasiones, las situaciones de alimentación se convierten en un verdadero calvario tanto para los padres como para los niños.
  






Por este motivo, reflexionamos a continuación, sobre algunos aspectos que prevengan o resuelvan, las dificultades que encontramos en instaurar dichos hábitos alimenticios. 

Nuestro punto de partida seria preguntarnos, para qué come un niño, y la respuesta clara, que para no tener hambre. Aunque la alimentación, aporta un gran número de experiencias tanto en el plano relacional y social, como en el desarrollo oro-motor, sensorial o cognitivo, nunca debemos olvidar, que su principal función es la de asegurar el aporte nutritivo suficiente para afrontar las actividades del día, y crecer fuertes y sanos.

Aunque la alimentación es una necesidad física, sabemos que a comer bien se aprende, o lo que es lo mismo, nuestra principal aliada va a ser la sensación de hambre, la necesidad de comer que todo ser humano experimenta. Las diferencias entre dos niños de la misma edad en cuanto a la cantidad de comida que necesitan para sentirse saciados, puede ser tan importante como la que existe entre dos personas adultas. Por ese motivo, es muy importante conocer las características y necesidades del niño, utilizando sólo de forma orientativa las raciones recomendadas.

Es importante tener en cuenta si existen alteraciones en la alimentación, os lo explicamos a continuación.

1º Descartamos que existan alteraciones  anatómicas o fisiológicas. Algunos indicadores frecuentes son:
·   El niño baja significativamente de peso .
·   Presenta un percentil de talla y peso por debajo del adecuad.
·   Hay variaciones en su actividad diaria.
·   Signos de desnutrición o deshidratación.
·   Vómitos  frecuentes o alteraciones en la  evacuación.
·   Rechazos muy marcados a la ingesta de cualquier alimento.

En este caso debemos consultar primero con el pediatra y que éste realice las pruebas o derive a los profesionales, que considere oportuno.

2º Se producen dificultades, más o menos severas, que repercuten en la consecución de los hábitos alimenticios adecuados. Las situaciones más frecuentes son:

·   Dificultades para pasar de una etapa a otra. Por ejemplo: Empezar con los sólidos, retirar el biberón…

·   Limitaciones en la variedad de alimentos que el niño acepta en su dieta diaria. Por ejemplo: No toma ninguna verdura o sólo quiere comer un grupo reducido de alimentos.

·   Los padres tienen la sensación de que el niño/a no toma la cantidad suficiente de alimento diario, refiriendo que nunca tiene hambre. (en ausencia de alteración fisiológica de la alimentación).

·   Las comidas suponen un momento de tensión para toda la familia. El niño/a manifiesta rechazo, quiere imponer sus criterios, las comidas son eternas …

Aunque, en la mayoría de los casos, se producen alteraciones que repercuten en todas las  áreas descritas.

Descartada la presencia de alteraciones del acto fisiológico de la alimentación (reflujo, intolerancias, alergias,..), podemos centrar nuestra atención en el aprendizaje, en la adquisición de buenos hábitos para asegurar una correcta alimentación.

En el próximo artículo hablaremos de las fases que se producen en la alimentación infantil.